Una oportunidad que abrió el camino
A los 14 años, Claudio Rivera inició su camino en las artes marciales gracias a una decisión de su padre, Fernando Rivera Lecaros. Fue él quien lo llevó a la escuela Chun's, donde comenzaría a entrenar Taekwondo bajo la enseñanza del maestro Abel Robles Mancilla.
Fernando lo animó a continuar, apoyó su desarrollo y lo acompañó durante sus años de entrenamiento y competencias. Antes del maestro, los grados o los logros deportivos, hubo un padre que decidió abrirle a su hijo una oportunidad.
A veces el camino de un artista marcial comienza con alguien que cree que vale la pena darle la oportunidad.
Una enseñanza que se convirtió en legado
Durante cerca de diez años, Claudio se formó en Taekwondo bajo la enseñanza de Abel Robles Mancilla, actualmente 7° Dan y uno de los pioneros en la enseñanza del Taekwondo en Iquique.
Bajo su guía alcanzó el cinturón negro y desarrolló una importante etapa competitiva, llegando a consagrarse Campeón Nacional en Copa Korea. De Fernando recibió la oportunidad y el apoyo; de su maestro Abel, la enseñanza marcial y la guía para recorrer ese camino.
Años después, Claudio ocuparía el lugar de su padre
Al convertirse en padre de Alonso y Bruno apareció el deseo de entregarles las mismas oportunidades y herramientas que él había recibido. Durante la pandemia, cuando sus hijos todavía eran pequeños, comenzó a entrenar con ellos en el patio de su casa.
No existía Alkano. No había nombre, academia ni proyecto comercial. Era nuevamente un padre acompañando a sus hijos en sus primeros pasos dentro de las artes marciales.
El patio comenzó a llenarse
Con el tiempo, aquellos entrenamientos dejaron de ser solamente familiares. Amigos con quienes Claudio había compartido anteriormente su etapa como alumno de Kickboxing comenzaron también a entrenar en el patio. La idea de construir algo propio fue tomando forma poco a poco.